A inicios de la semana pasada, las y los colegas de la Directiva de ACAUCH me han sugerido, amablemente, que escribiera un par de líneas para el Boletín de la Asociación. Ignoro que razones habrán tenido para hacerlo, salvo el hecho declarado de que, en mi calidad de exdirectivo, habría podido entregar algunas reflexiones útiles para el colectivo. También habrá jugado un rol el hecho de que recientemente me he acogido a retiro de la institución y de la Facultad de Artes en la cual he trabajado por más de 36 años, 20 de los cuales con un contrato a honorarios. He pensado sobre qué escribir y la verdad es que me han surgido muchas ideas, pero ninguna lo suficientemente motivadora como para sentarme a escribir estas breves líneas y ocupar algunos minutos de vuestro valioso tiempo. Pienso que lo más importante, lo central para mí y de lo cual deseo escribir, sea la constatación de la necesidad de una asociación que represente a las funcionarias y a los funcionarios que pertenecen al estamento académico de la Universidad de Chile, para progresar hasta lograr una gran asociación de funcionarios y funcionarias “de la Chile”, sin restricciones ni diferencias estamentales. Dicho así parece algo banal, pero quizás por lo mismo es menos planteado y considerado en las diferentes conversaciones entabladas estos años con tantos y tantas colegas,
Pareciera que la misma existencia de la Asociación encubre el hecho radical y urgente de su necesidad cotidiana. “Ya, de acuerdo, la ACAUCH existe y está bien. Hay colegas que se ocupan y bueno, casi nadie tiene tiempo para ocuparse de estas cosas: si alguien lo hace, está bien…pero que no se politice demasiado”. Son frases recurrentes y quizás, muy injustas con aquellas y aquellos colegas que tratan de mantener este paquidermo en pie. A mí me bastan como razones los más de 20 años que fui profesor a honorarios, pagado poco y a destiempo, asegurando funciones estratégicas de mi Facultad y Universidad, prácticamente sin derechos laborales y marginado de las decisiones académicas que tenían que ver con mi trabajo y los modos de ejercerlo. Desconocido e invisibilizado como sujeto y como ciudadano, como académico con opiniones. Oye, ¡pero la Asociación no contempla ni integra a los honorarios! Claro, no los contempla y eso está mal, ahora existe Sitrauch y es un gran avance, pero no basta ni es suficiente.
Más tarde, apenas fui reconocido por la institución como académico, luego de regular concurso, y al momento de ser jerarquizado por las instancias respectivas, resulté evaluado como Académico Titular…Gran sorpresa en varios de los colegas de mi Facultad quienes, pese a conocerme, no habían considerado ni apreciado de que yo no venía “de la calle”, como por ahí alguien murmuró: “ Recién concursó y ahora ya es titular…debe tener muchos padrinos [sic!]”, sino que esas instancias habían reconocido el trabajo de publicaciones y obras del suscrito realizadas sin apoyo institucional por más de veinte años, lo cual evidencia, y perdonen la autorreferencia, que esos “profes a boleta” son parte integral de nuestra Universidad, son parte esencial del motor que nos anima y hace vivir día a día. Entonces esta Asociación, a la que se la desmerece y descalifica por representar “a un porcentaje muy bajo de académicos y académicas”, olvidando que ese porcentaje es superior al de la media de los sindicatos y asociaciones de categoría de Chile, juega y ha jugado un papel muy importante para mi dignidad como trabajador responsable en una institución de educación estatal, donde no solo debo responder a mis jefaturas, sino que principalmente a mi conciencia cívica y patriótica, al pueblo de Chile.
Gracias ACAUCH, por recordarme con sus asambleas, con sus escritos y publicaciones, con sus luchas y sus reivindicaciones que no son solo salariales, por su compromiso con la Universidad de todos los chilenos y chilenas, que no soy un esclavo asalariado, que más allá de mi estipendio, mis deberes tocan la cotidianidad de chilenos y chilenas de esfuerzo, que creen en esta Universidad cuyo apellido “de Chile” no es una marca comercial más, ni un patrimonio adquirido, del cual generar ganancias, sino que debe ser ganado día a día, demostrando compromiso, excelencia, pertinencia y esfuerzo por ser mejores.
Quilpué, 5 julio de 2026 Jorge Martínez Ulloa
