La negociación colectiva por rama de la producción, una tarea pendiente

Profesor Gonzalo Durán S., Departamento de Trabajo Social, Universidad de Chile.

A casi 30 días del receso legislativo y cuando el país se apresta a iniciar un nuevo ciclo político, el Gobierno presentará el proyecto de negociación colectiva por rama.  En Chile, las generaciones más jóvenes conocen poco este sistema. Sin embargo, no se trata de una innovación exótica: en el pasado existieron experiencias concretas y, aunque no fue el nivel predominante de regulación salarial y laboral, hacia 1970 su expansión era rápida [1].

Un ejemplo ilustrativo es el acuerdo suscrito en 1970 por el consorcio de radiodifusoras, que estableció un contrato colectivo para toda la rama. Todas las personas que trabajaban en el sector se beneficiaban de ese acuerdo, que fijaba pisos mínimos comunes. Este tipo de sistemas sigue plenamente vigente en la mayoría de los países de ingresos altos – especialmente en Europa – y también en América Latina, como ocurre en Uruguay con los Consejos de Salarios, que por esta fecha ya cierra su undécima ronda. Su rasgo central es la alta protección de derechos, al extender los beneficios de la negociación a la mayoría de las y los trabajadores. Por ello, la literatura los denomina sistemas “inclusivos”, en contraste con aquellos donde negocia solo una fracción marginal del mundo del trabajo, calificados como “exclusivos”.

En este debate, Juan Bravo, investigador de la Universidad Diego Portales, advirtió en El Mercurio [2] que mientras la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) se había “descentralizado” – aunque de forma moderada -, Chile estaría yendo contra la corriente al avanzar hacia la negociación por rama.

Conviene decirlo con claridad: está bien ir contra esa corriente. La descentralización extrema de la negociación colectiva, impuesta en Chile durante la dictadura y anclada en la empresa, no fue un cambio neutral, sino una derrota histórica del trabajo. La propia evidencia de la OCDE [3] muestra que los países con negociación por rama alcanzan mayor cobertura sindical, menor dispersión salarial y mejores resultados distributivos.

El aumento de la desigualdad en las últimas décadas no es casual: está estrechamente vinculado a la fragmentación de la negociación colectiva, que debilitó el poder de las y los trabajadores y los forzó a actuar de manera aislada [4].

Los estudios en relaciones industriales son claros: la negociación por rama es el principal mecanismo capaz de producir efectos distributivos agregados y de redistribuir poder. La negociación exclusivamente por empresa fracasa sistemáticamente en garantizar alta cobertura. Los propios informes de la OCDE muestran, además, que los países con negociación completamente descentralizada – como Chile – exhiben peores resultados en empleo, mientras que la negociación sectorial se asocia a desempeños más robustos, incluso controlando por otros factores.

La pregunta, entonces, no es si Chile va contra la corriente, sino si está dispuesto, al fin, a nadar contra una marea que solo ha profundizado la desigualdad.

 

[1] Antecedentes del Modelo de Relaciones Laborales Chileno. Proyecto Plataformas Territoriales por los Derechos Económicos y Sociales. Santiago: Fundación SOL

[2] El Mercurio 29.12.2025, Cuerpo B, Economía y Negocios, página 2.

[3] Employment Outlook 2018. OECD Publishing, Paris

[4] Marginalised and Fragmented Collective Bargaining –Impacts on Workers’ Power, the Chilean Case.